Desde que tengo 5 años las semanas santas son en Brasil, más especĂficamente en FlorianĂłpolis, o “la isla de la magia” como le llaman allĂ. Las vacaciones en Floripa son un innegociable para mi familia. Cada jueves previo a la semana santa, cargamos el coche y conducimos 1387 kilĂłmetros, o 15 horas y media, con destino a lo que para nosotros es la mejor semana del año.




Cada mañana suena el despertador a las 8:30am, lo que significa que saldremos de la cama a eso de las 9. Abrir las cortinas y levantar las persianas para descubrir quĂ© tiene preparado para nosotros el enigmático clima tropical cada dĂa. A la mañana llueve, al mediodĂa sale el sol, y tal vez a la tarde graniza; asĂ de variado puede llegar a ser el asunto. Justo en la Ă©poca en la que nosotros solemos ir, el sol y el calor suelen ser algo bastante impredecible. Y como nos han tocado semanas enteras de nubes y 17°C; cada dĂa soleado lo celebramos como un gol en el Maracanazo.




CafĂ©, huevos revueltos, aguacate, y alguna fruta tropical para sobrellevar el calor brasileño. Esos son los elegidos para comenzar los dĂas en Praia do Santinho. Las mañanas suelen ser en silencio, mientras observamos con asombro la vista del desayuno: una playa paradisĂaca ubicada entre dos morros inmensos. Sus grandes olas son frecuentemente elegidas por surfistas profesionales, pero sin lugar a dudas, la guinda del pastel es el asombroso desierto de dunas que realiza la divisiĂłn con Praia dos Ingleses.
El camino a la playa es corto. Cogemos las “cadeiras”, algún “parasol”, y recorremos el breve puente de madera que cruza una pequeña jungla desembocando en la arena dorada. Al llegar, nos instalamos para dar comienzo a la jornada de “dolce far niente” como me gusta decirle a mi. Va, en realidad, como le suelen llamar los tanos.
Mientras todos disfrutan del sol tumbados en las reposeras, yo elijo caminar por la playa con cámara en mano tomando fotografĂas de lo que veo. La escena en este caso se componĂa de los caracterĂsticos morros brasileños, las olas en suave turquesa, una ligera neblina, e infinidad de gente entrando y saliendo constantemente del mar para asĂ sobrellevar el clima tropical.




El regocijo del tiempo perdido continúa por supuesto con la irresistible caipirinha del carrito playero. Rabas, miniaturas de pescado, un “queijo” y una siesta bajo el sol son el broche de oro para una mañana escuchando la alegre samba mezclada con el canto de las gaviotas y el romper de las olas.
Si me preguntan quĂ© es lo que lleva a mi familia a Brasil año tras año no sabrĂa exactamente quĂ© respuesta dar. Pero pensándolo, supongo que deben ser sus colores, sus paisajes, sus aguas calientes y transparentes. El encanto de su gente, de su canto, su cultura. El cariño de aquellos que nos han visto crecer. Desde el vendedor de “milhos” que nos saluda cada año, hasta algĂşn amigo que nos regalĂł una de las tantas estadĂas.
Lifetime Value
La calidad de los materiales con los que trabajamos garantizan el valor de la obra a través del tiempo.
Lista para colgar
Nuestros marcos llegan listos para colgar en cuanto salen del packaging.
Enmarcado a mano
Cada marco es producido de forma artesanal por talleres especializados en Fine Art.
Hecho a medida
Cada historia, es enmarcada según el tamaño, color y preferencia del waller.
Devoluciones
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