Primer dĂa de playa en Ibiza, cuatro veinteañeras y una misiĂłn: encontrar una cala sin gente. ÂżCumplida? No puedo decir que sĂ. Pero luego de un par de intentos sin mucho Ă©xito, logramos llegar a una cala con por lo menos un lugarcito para dejar nuestras cosas, darnos un baño de mar y tomar el sol.





Ibiza en agosto es algo asĂ como un costurero tan lleno en donde no entra ni un alfiler más. Amanecimos una mañana de jueves con un calor sofocante, nos subimos al coche con una lista eterna de calas en Google Maps y comenzamos nuestro recorrido por la isla probando suerte. Luego de unos cuantos intentos sin siquiera poder entrar al aparcadero de la cantidad de gente que allĂ habĂa, y ya un poco desilusionadas, nos dirigimos hacia la famosa Cala Comte.





Llegamos. Aparcamos. Y caminamos unos 15 minutos bajo el sol del mediodĂa. Al acercarnos a la playa las vistas comenzaban a transformar aquellas caras cansadas y desilusionadas en caras de sorpresa y emociĂłn.Â
La roca blanca contrastando con el turquesa del agua impactaba en nuestra retina. Lo que veĂamos era increĂble. La cantidad de barcos y veleros flotando con familias a bordo disfrutando del dĂa era innumerable.
La playa principal estaba llena. Sombrilla pegada a sombrilla. Fue asĂ que decidimos trepar unas rocas e instalarnos en una pequeña calita que encontramos por ahĂ. Nos pasamos el dĂa alucinadas con la transparencia del agua, y la buena energĂa que se respiraba en tan espectacular lugar. Montamos un picnic y dormimos la mejor siesta de nuestra vida en una pequeña cueva que nos reparaba del sol y el calor.




Fueron infinitos los baños de agua salada que nos dimos aquel dĂa en la isla bonita. Con el pasar de las horas, el sol iba cayendo, y la cantidad de gente iba disminuyendo al igual que la luz que iluminaba los acantilados.
Aquella roca blanca, comenzaba a tornarse más bien anaranjada; y el turquesa del agua se transformaba en un suave dorado. A eso de las 7 de la tarde, como buenas uruguayas, preparamos un mate y nos sentamos a observar el zarpar de los barcos a medida que atardecĂa.
Si hay algo que disfruto mucho son los atardeceres, pero disfruto aún más del “lado b” de estos; como yo le llamo. Mientras todos ven el sol caer, yo los veo a ellos viendo el sol caer. Veo los barcos volviendo a tierra, veo el rosado que pinta el cielo.
Lifetime Value
La calidad de los materiales con los que trabajamos garantizan el valor de la obra a través del tiempo.
Lista para colgar
Nuestros marcos llegan listos para colgar en cuanto salen del packaging.
Enmarcado a mano
Cada marco es producido de forma artesanal por talleres especializados en Fine Art.
Hecho a medida
Cada historia, es enmarcada según el tamaño, color y preferencia del waller.
Devoluciones
Cada fotografĂa se imprime y enmarca especialmente para ti, en el tamaño y marco de tu elecciĂłn. Esto significa que no podemos aceptar devoluciones ni cambios. TambiĂ©n nos es imposible realizar cambios o cancelaciones en los pedidos despuĂ©s de las 24 horas. Si por cualquier motivo tu Timewall llega en una condiciĂłn que no sea perfecta, por favor háznoslo saber y resolveremos el caso.Â
EnvĂos
Debido al trabajo artesanal y a medida, cada pieza puede tardar entre 2 a 3 semanas en imprimirse, montarse, enmarcarse y enviarse. Recibirás un nĂşmero de seguimiento del proveedor de envĂo para que puedas estar al tanto del envĂo.








