Snowbreaker
St. Moritz, Suiza.
SKU N/A Category Tags , , ,
Todas las historias de nuestra colección se imprimen en papel fotográfico Giclee mate de 310 g/m², sin ácido y están disponibles por tiempo limitado.

Era mi primer viaje a St. Moritz y, sinceramente, no sabía muy bien qué esperar. Había visto fotos, había leído cosas, pero estar allí fue otra historia. Todo tenía un aire de irrealidad: las montañas blancas, la gente perfectamente vestida pese al frío brutal, los caballos galopando sobre la nieve… Era como estar dentro de una película.

Ese día madrugamos con Felipe y un grupo de amigos para conseguir un buen sitio. El cielo estaba gris y parecía que en cualquier momento iba a caer una nevada de las buenas. Caminamos entre la multitud, esquivando sombreros elegantes y perros en abrigos de cachemira —literalmente—, buscando el mejor ángulo. Yo solo pensaba en cómo capturar esa mezcla tan rara entre el lujo y lo salvaje.

Ese dĂ­a madrugamos con mi primo Felipe y un grupo de amigos para conseguir un buen sitio. El cielo estaba gris y parecĂ­a que en cualquier momento iba a caer una nevada de las buenas.

Caminamos entre la multitud, esquivando sombreros elegantes y perros en abrigos de cachemira —literalmente—, buscando el mejor ángulo. Yo solo pensaba en cómo capturar esa mezcla tan rara entre el lujo y lo salvaje.

Era mi primer viaje a St. Moritz y todo me parecía sacado de otro mundo. Las montañas blancas, el silencio previo a la carrera, los caballos tensos como flechas a punto de soltarse.

No sabía muy bien qué esperar, pero desde que llegamos supe que quería guardar ese instante para siempre. Habíamos madrugado con Felipe y un grupo de amigos para conseguir un buen sitio. La mañana era gélida, de esas que te calan los huesos aunque vayas bien abrigado. El cielo estaba gris y parecía que en cualquier momento iba a caer una nevada de las buenas.

Caminamos entre la multitud, esquivando sombreros elegantes y perros en abrigos de cachemira —literalmente—, buscando el mejor sitio. Nuestras mejillas ya estaban heladas y los dedos de las manos ya no respondían bien, pero logramos un ángulo desde donde ver la pista.

Y cuando empezó la carrera, todo se congeló —menos los caballos, claro. El sonido de los cascos sobre la nieve, el resoplido espeso saliendo de sus hocicos, las voces de los jinetes dando indicaciones rápidas… todo lo demás desapareció. Era como si el mundo se hubiese detenido un segundo solo para dejarme hacer esa foto.

Lo que más me impactó fue la mezcla: la fuerza desatada de los caballos contra el blanco silencioso del paisaje. Había algo muy crudo, muy real. Y al mismo tiempo, muy bello. Ver a los animales correr con esa energía, con esa tensión en los músculos, me puso la piel de gallina. Literal. Una señora, con un perrito que parecía sacado de una editorial de moda, nos sonrió y nos dijo: “Él también disfruta del espectáculo”. Y tenía razón.

Después, nos reímos con Felipe comentando la escena, intentando mover los pies que llevaban rato medio congelados. Comimos algo en un puestito cerca de la pista, una especie de currywurst que en ese contexto nos supo a gloria, más por el calor que por el sabor. Yo no dejaba de revisar la cámara con los guantes puestos, torpemente, como si mis dedos ya no me pertenecieran.

St. Moritz tiene esa cosa que no se puede explicar del todo. Es tradición, sí. Es lujo, también. Pero sobre todo, es emoción. Esa foto, para mí, es un recuerdo muy físico. Del frío en la cara, del vapor de los caballos, de la emoción contenida en el aire. Me recordó que hay momentos que no se pueden explicar del todo, pero sí se pueden guardar.

Lifetime Value

La calidad de los materiales con los que trabajamos garantizan el valor de la obra a través del tiempo.

Lista para colgar

Nuestros marcos llegan listos para colgar en cuanto salen del packaging.

Enmarcado a mano

Cada marco es producido de forma artesanal por talleres especializados en Fine Art.

Hecho a medida

Cada historia, es enmarcada según el tamaño, color y preferencia del waller.

Devoluciones

Cada fotografía se imprime y enmarca especialmente para ti, en el tamaño y marco de tu elección. Esto significa que no podemos aceptar devoluciones ni cambios. También nos es imposible realizar cambios o cancelaciones en los pedidos después de las 24 horas. Si por cualquier motivo tu Timewall llega en una condición que no sea perfecta, por favor háznoslo saber y resolveremos el caso. 

EnvĂ­os

Debido al trabajo artesanal y a medida, cada pieza puede tardar entre 2 a 3 semanas en imprimirse, montarse, enmarcarse y enviarse. Recibirás un número de seguimiento del proveedor de envío para que puedas estar al tanto del envío.