Todas las historias de nuestra colección se imprimen en papel fotográfico Giclee mate de 310 g/m², sin ácido y están disponibles por tiempo limitado.
Más información
- Lifetime Value
La calidad de los materiales con los que trabajamos garantizan el valor de la obra a través del tiempo.
- Lista para colgar
Nuestros marcos llegan listos para colgar en cuanto salen del packaging.
- Enmarcado a mano
Cada marco es producido de forma artesanal por talleres especializados en Fine Art.
- Hecho a medida
Cada historia, es enmarcada según el tamaño, color y preferencia del waller.
- Papel
- Fujifilm Art Rag 300 gsm · 100% algodón
- Impresión
- Epson SureColor
- Enmarcado
- Ayous y roble
- Protección
- Metacrilato 5 mm
- Producción
- 100% en España
Envíos
Debido al trabajo artesanal y a medida, cada pieza puede tardar entre 2 a 3 semanas en imprimirse, montarse, enmarcarse y enviarse. Recibirás un número de seguimiento del proveedor de envío para que puedas estar al tanto del envío.
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Cada fotografía se imprime y enmarca especialmente para ti, en el tamaño y marco de tu elección. Esto significa que no podemos aceptar devoluciones ni cambios. También nos es imposible realizar cambios o cancelaciones en los pedidos después de las 24 horas. Si por cualquier motivo tu Timewall llega en una condición que no sea perfecta, por favor háznoslo saber y resolveremos el caso.
Esta historia nació en Fuerteventura, durante uno de mis primeros viajes después del confinamiento.

Llevaba meses viendo el mundo a través de una ventana. Los días se parecían demasiado entre sí, las calles estaban en silencio y la idea de coger un avión sonaba casi a ciencia ficción. Así que cuando por fin pude hacer la maleta, lo viví con una mezcla de ilusión y cierta incredulidad, como si en cualquier momento alguien fuera a decirme que todavía no. Llegué a la isla con una luz blanca, intensa, que lo aplanaba todo. Lo primero que noté fue el viento.
En Fuerteventura nunca se va del todo: te despeina, te llena la ropa de arena y te obliga a caminar un poco de lado.
Después de tanto tiempo encerrado, sentirlo en la cara fue casi un regalo.


Pasé los días caminando por playas casi vacías, con las dunas a un lado y el Atlántico al otro. Kilómetros de arena sin una sola huella, el mar rompiendo a lo lejos y apenas un par de siluetas en el horizonte. Me paraba a menudo, sin motivo, solo para quedarme mirando. Había olvidado lo que era tener tanto espacio delante.
El sonido del mar lo llenaba todo. Y con él llegó algo que llevaba tiempo sin sentir: la libertad de moverme, de decidir hacia dónde ir, de quedarme quieto porque quería y no porque tocaba.
Fotografié Fuerteventura tal y como la sentía en aquel momento: inmensa, tranquila y abierta. Busqué encuadres amplios, con aire, dejando que el paisaje respirara dentro de la imagen igual que yo respiraba fuera.
Hoy, cuando vuelvo a esta foto, me devuelven a esos días. Es un pequeño recuerdo de lo extraordinario que puede llegar a ser algo tan sencillo como volver a sentirte libre.








