Todas las historias de nuestra colección se imprimen en papel fotográfico Giclee mate de 310 g/m², sin ácido y están disponibles por tiempo limitado.
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La calidad de los materiales con los que trabajamos garantizan el valor de la obra a través del tiempo.
- Lista para colgar
Nuestros marcos llegan listos para colgar en cuanto salen del packaging.
- Enmarcado a mano
Cada marco es producido de forma artesanal por talleres especializados en Fine Art.
- Hecho a medida
Cada historia, es enmarcada según el tamaño, color y preferencia del waller.
- Papel
- Fujifilm Art Rag 300 gsm · 100% algodón
- Impresión
- Epson SureColor
- Enmarcado
- Ayous y roble
- Protección
- Metacrilato 5 mm
- Producción
- 100% en España
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Debido al trabajo artesanal y a medida, cada pieza puede tardar entre 2 a 3 semanas en imprimirse, montarse, enmarcarse y enviarse. Recibirás un número de seguimiento del proveedor de envío para que puedas estar al tanto del envío.
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Esta historia se escribe en Biarritz. Un fin de semana de Julio, un grupo de amigos nos fuimos a pasar unos días a un típico caserío vasco de mi buen amigo Jaime. Los que conocen el país vasco, se podrán hacer una imagen mental de lo verde, frondoso y húmedo del lugar.


El caserío, era blanco con postigos Bordeaux. Tenia un gran jardín, con una terraza y una antigua barbacoa de piedra.
El clima alternaba entre lluvia y sol. Pero no eran días que uno describiría precisamente como “días de playa”. No, para nada.
Entonces aprovechamos para recorrer diferentes pueblos vascos de la costa y del interior de España, comiendo en sitios muy especiales.
Desde mi punto de vista, esta región tiene una energía especial. No sé si es por el clima, por su cultura o porqué, pero noto cierta melancolía implícita en sus pueblos y en su gente.

Finalmente, salió el sol. Pero un sol de verano. Un auténtico día de playa. Decidimos pasar el día en la costa francesa, y hacia allí fuimos.
Durante la media hora de viaje desde Fuenterrabia hasta Biarritz, se empieza a ver como el ecosistema empieza lentamente a cambiar quedando atrás las montañas y los campos quebrados.
En cuanto llegamos a Biarritz, se empieza a respirar ver mucha vida de playa, surf, gofres y helados de todo tipo y sabor.
Es una ciudad con un ambiente familiar, pintoresca y perfectamente cuidada.
Aparcamos y empezamos a bajar por las escaleras que escudan la mítica playa “Cote des Basques”.

Sofía amaneciendo en el caserío.

La Grand Plage de Biarritz, desde lejos.
Al llegar a la playa, me encontré con una escena de cuento.
Hombres y mujeres de todas las edades disfrutando de una sesión de Longboard. Temperatura ideal y olas amigables en lo que parecía un parque de diversiones para quienes amamos el surf.
Recuerdo mi primera vez en Biarritz, yo tendría 16 años. Fui con mi Padre y mi tabla de surf a esa misma playa. La escena era otra, era una tarde de mucho mar, con olas bastante grande y corriente, exigiendo un nivel que en aquel momento no tenía. Me acuerdo también que aquella tarde pasé bastante miedo e inseguridad dentro del mar, pero había llegado desde Buenos Aires hasta allí, no podía no meterme al mar.


Lechuga y tomates de la huerta.
A medida que la tarde avanzaba y el sol comenzaba a bajar, no pude evitar sentir que ese día en Biarritz era más que solo un momento en una foto. Era un conexión con el mar y la tierra, un reencuentro con ese niño de 16 años que, con miedo, se metió al mar. Mientras las olas seguían entrando, supe que este lugar siempre iba a guardar una parte de mí, y que, en cada regreso, el mar me recibiría con la misma calma y majestuosidad de aquel primer día.
“The playground” es una que retrata a la perfección la esencia de Biarritz. Familia, deporte y diversión.











