Charlottenlund, Copenhague | Dinamarca.
Todas las historias de nuestra colección se imprimen en papel fotográfico Giclee mate de 310 g/m², sin ácido y están disponibles por tiempo limitado.
Más información
- Lifetime Value
La calidad de los materiales con los que trabajamos garantizan el valor de la obra a través del tiempo.
- Lista para colgar
Nuestros marcos llegan listos para colgar en cuanto salen del packaging.
- Enmarcado a mano
Cada marco es producido de forma artesanal por talleres especializados en Fine Art.
- Hecho a medida
Cada historia, es enmarcada según el tamaño, color y preferencia del waller.
- Papel
- Fujifilm Art Rag 300 gsm · 100% algodón
- Impresión
- Epson SureColor
- Enmarcado
- Ayous y roble
- Protección
- Metacrilato 5 mm
- Producción
- 100% en España
Envíos
Debido al trabajo artesanal y a medida, cada pieza puede tardar entre 2 a 3 semanas en imprimirse, montarse, enmarcarse y enviarse. Recibirás un número de seguimiento del proveedor de envío para que puedas estar al tanto del envío.
Devoluciones
Cada fotografía se imprime y enmarca especialmente para ti, en el tamaño y marco de tu elección. Esto significa que no podemos aceptar devoluciones ni cambios. También nos es imposible realizar cambios o cancelaciones en los pedidos después de las 24 horas. Si por cualquier motivo tu Timewall llega en una condición que no sea perfecta, por favor háznoslo saber y resolveremos el caso.
Julio de 2026. Copenhague a 28 grados y un viaje de novios que empezaba aquí antes de subir a los Dolomitas. Sofía y yo ya conocíamos la ciudad bastante bien; los canales, el centro, las bicis en fila en cada semáforo. Esta vez buscábamos otra cosa, un día de mar como lo vive la gente local.


Cogimos las bicis y pedaleamos hacia el norte por la costa. La primera parada fue Skovshoved, un antiguo pueblo de pescadores que aparece en documentos desde 1275. Sus casas bajas siguen ahí, junto al puerto. Durante siglos, las mujeres del pueblo, las skovserkoner, cargaban a la espalda la pesca del día y la llevaban andando hasta el mercado de Gammel Strand, en el centro de Copenhague.
Allí mismo, en la carretera de la costa, está la gasolinera que Arne Jacobsen diseñó en 1936. Una caseta blanca y una marquesina ovalada sobre un único pilar que en el barrio llaman “la seta”, iluminada desde abajo para que de noche funcione como un letrero. Los surtidores siguen dando gasolina y en el edificio ahora venden helados.

Desde ahí volvimos un poco hacia el sur, hasta Charlottenlund, unos 40 minutos de bici en total desde el centro. Es un barrio residencial de casas con jardín, bosque y un palacio del siglo XVIII. Esta costa tiene tradición de veraneo desde mediados del siglo XIX, cuando el tren empezó a traer a la gente de la ciudad a bañarse y las familias con dinero levantaron aquí sus casas de verano. Al final de una calle tranquila, apareció el Søbad.
En Dinamarca, la playa se construye. Donde falta arena o sobra viento, levantan baños de madera sobre el agua con pasarelas, casetas, vestuarios y escaleras que bajan directas al mar. Este, lo lleva una asociación de vecinos. En invierno solo entran los socios con su llave, y la lista de espera para hacerse socio llegó a ser tan larga que cerraron hasta la lista de espera de la lista de espera. En verano, abre a todo el mundo.




Llegamos a mediodía. Casetas verdes, la bandera roja y blanca moviéndose apenas, sombrillas blancas en fila, familias enteras tumbadas sobre las tablas y niños saltando del muelle una y otra vez. Olía a sal y a madera caliente. Parecía un decorado de Wes Anderson. Saqué la cámara antes de soltar la toalla.
Scandisummer es el lado de Copenhague al que poca gente le asocia, una ciudad que vive mirando al mar y que ha construido todo un verano a su alrededor, con la madera como material noble y el agua como plaza del barrio.











