Tuve la fortuna de nacer en Buenos Aires, Argentina. Mi niñez estuvo Ăntimamente ligada a los bosques de Palermo y al Parque ZoolĂłgico. Solamente cruzar una calle me era suficiente para estar rodeado por mĂşltiples estatuas, ya sean las que forman el majestuoso Monumento a la Carta Magna, más conocido como el Monumento a los Españoles, asĂ como tambiĂ©n las figuras monumentales del monumento erigido en Plaza Alemania.
En otras oportunidades, visitaba el JardĂn Botánico, localizado a pocas cuadras. Desde pequeño, vi a todas las estatuas como mis compañeros, quienes me esperaban para jugar, y siempre me saludaban calurosamente.
Me cuentan que, desde niño, me paraba antes las estatuas y les hablaba agradeciendo el estar siempre presentes, les contaba de las cosas buenas y no tan buenas que me pasaban, y hasta jugaba con ellas. Siempre vi a las estatuas como una extensiĂłn de las personas. El JardĂn Botánico de Buenos Aires posee una colecciĂłn maravillosa de estatuas, las cuales describen numerosos estados emocionales, desde la tristeza, la esperanza, la euforia, y el amor.
Me acuerdo vĂvidamente apurarme y saludar a una pareja de jĂłvenes que siempre me recibĂan desnudos, y yo les preguntaba si no tenĂan frĂo. En estos dĂas, como adulto, he aprendido que la estatua agradece a Dios por la lluvia caĂda, de acuerdo a lo expresado por el escultor italiano Leonne Tommasi. Me acuerdo que constantemente me preguntaba por quĂ© las estatuas estaban desnudas, y le pedĂa a mi madre que teja una prenda. AsĂ mismo, los cuerpos y las expresiones faciales eran tan hermosas, que uno no podĂa ser indiferente. Mi otra gran amiga, a la que yo llamaba «Violeta», siempre se mostraba serena y me mostraba la belleza de la perfecciĂłn de su cuerpo. TodavĂa aprovecho oportunidades para visitarla y agradecerle la tranquilidad, asĂ como la belleza corporal intacta, despuĂ©s de tantos años. DespuĂ©s de sesenta años, pude descubrir que la estatua es obra del escultor argentino Gonzalo Pondal LegizamĂłn.
Hace un par de años, visitando la ciudad de Nueva York, me encontrĂ© con un grupo de tres estatuas en una fuente rodeada de flores. Se las ve a las tres niñas jugando y disfrutando de la vida. La energĂa era contagiosa, y casi me llevĂł a entrar en la fuente y jugar con ellas. Conocidas como «Las Tres Niñas Danzantes», llenan de alegrĂa a quienes la visitan, y son prueba que cualquier material es capaz de proyectar sentimientos y lo mejor de la humanidad puede ofrecer.
He viajado por numerosas partes del mundo, y las estatuas siempre han sido para mà una extensión de la humanidad. Nunca fueron trozos de mármol, bronce, piedra y/o cualquier otro material, sino seres humanos creados de distintas maneras.
Lifetime Value
La calidad de los materiales con los que trabajamos garantizan el valor de la obra a través del tiempo.
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Enmarcado a mano
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Hecho a medida
Cada historia, es enmarcada según el tamaño, color y preferencia del waller.
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